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El símbolo Sderot

Pere Maruny /14-03-08

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El final de la tregua de una semana acordada por Hamas con las autoridades egipcias no se ha hecho notar por las aparentemente tranquilas calles de la ciudad israelí de Sderot, blanco contínuo de los cohetes Qasam lanzados desde la franja de Gaza, situada a escasos tres quilómetros del núcleo urbano. Tan sólo tres artefactos han caído esta ya calurosa mañana en campos cercanos, sin que se hayan producido daños. Y, sin embargo, la pequeña ciudad de veinte mil habitantes es un hervidero. Aprovechando el inicio del Shabat, la festividad semanal judía, israelíes de todos los rincones del país han acudido a la ciudad para apoyar a sus habitantes en motos, autobuses y caravanas de coches particulares con banderas israelíes ondeando. Sderot se ha convertido en un símbolo para muchos israelíes, a la par que en la excusa necesaria que el ala más a la derecha de la sociedad israelí necesita para imponer sus tesis más beligerantes: la reconquista de Gaza.

Vivir en Sderot no es fácil. Se ve en las caras de muchos de sus habitantes, más preocupados por el día a día que en los engorrosos proyectiles que les rompen a cualquier hora las rutinas diarias. “ Ahora está todo muy pacífico, pero en cualquier momento suenan las sirenas y tenemos que correr a refugiarnos”, afirma un muchacho de la localidad que prefiere mantenerse en el anonimato. Los refugios se esparcen por doquier. En todas las paradas de autobuses se han construido habitáculos de hormigón de veinte centímetros de grosor por si acaso. Son refugios caseros, a la medida de los cohetes que caen. Ninguno de ellos aguantaría una sola bomba lanzada por el ejército israelí.

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Sderot es ahora un rehén de ambos lados. Hamas juega más con el miedo escénico que con sus posibilidades de destrucción reales. El síndrome de la última guerra de Líbano, en la que Israel se vio incapaz de frenar los cohetes Katiushka lanzados por la milicia chií del Hezbolá pese a la destrucción e invasión del país vecino, está aun muy presente en la memoria de la sociedad israelí. Hamas lo sabe y por ello quiere aprovecharse. Ya ha ofrecido un alto el fuego total, a cambio de que el ejército israelí deje de actuar no sólo en la franja sino también en Cisjordania. El gobierno israelí se ha apresurado a rechazar de plano tales condiciones. La baza de los islamistas a partir de ahora será ampliar su radio de acción; los primeros cohetes ya han empezado a caer en Ashkelon, ciudad industrial de ciento veinte mil habitantes, situada a diez quilómetros de la franja.

Por el otro lado, la derecha israelí aprieta duro. La demostración de fuerza camuflada de solidaridad realizada ayer viernes por las calles de Sderot es una prueba de que va a usar la ciudad como punta de lanza para dar una vuelta de tuerca más en el conflicto árabe-israelí. Israel también ha rechazado, por lo pronto, volver a reocupar la franja de Gaza, pero el número de detractores de esta decisión será directamente proporcional al número de cohetes que lleguen desde la franja. -galería de fotos-

 

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