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Ecos de la primera intifada

Pere Maruny /28-03-2008fotoyperiodismo.com.bel'in

Apenas hay vida por las calles del pequeño pueblo cisjordano de Bil'in este viernes por la mañana, como tampoco la hay en muchos de nuestros pueblos en las primeras horas de domingo. El día es muy caluroso para la época que estamos; debe ser por eso que la gente anda refugiada en sus casas. Apenas un par de tiendas tienen entreabiertas las puertas, dejando ver un interior en penumbra de apariencia refrescante.

Hace ya cuatro años que en este pueblo ahora adormecido viene desarrollándose cada viernes, sin embargo, una desigual batalla. Sus habitantes pelean desde entonces por sus tierras de cultivo, expropiadas por el ejército israelí para construir una carretera de uso exclusivo militar cuyo objetivo es dar cobertura al cercano asentamiento colono de Modi'in Illit. Tanto han perseverado los habitantes de Bil'in en su lucha que han logrado, por aquello de la excepción que confirma la regla, que el Tribunal Supremo israelí haya fallado en su favor: La carretera debe modificar su trazado.

Pero que el alto tribunal les haya dado la razón no significa que el ejército se haya sentido aludido en aplicar la sentencia. Así que, ocho meses después del pronunciamiento del tribunal, sus habitantes, acompañados de activistas israelíes e internacionales, siguen jugándose el tipo cada viernes peleando contra los soldados. fotoyperiodismo.com.intifada

Adiv es un líder vecinal. En el interior de su casa muestra con orgullo unos pantalones con tres agujeros de bala; a juzgar por la ubicación de los disparos, se diría que los soldados trataron de evitar que Adiv siguiera engendrando vástagos, hecho que no lograron. Adiv, su esposa y cuatro de sus hijos se arremolinan alrededor del televisor que proyecta las imágenes, mil veces vistas, del incidente en el que el cabeza de familia fue herido por los soldados.

Adiv es el prototipo de habitante de Bil'in, un hombre sencillo a quien la lucha le ha dado una razón de ser, le ha hecho ser alguien. De sus seis hijos, son las muchachas quienes más han espabilado. La grande se encuentra en Paris, invitada por organizaciones pro derechos humanos, explicando la lucha de su pueblo. Fátima, la menor, tocada con el velo preceptivo, quien hace las funciones de traductora para su padre, está estudiando en Ramala y no duda ni por un instante cuando se le pregunta por su futuro: La universidad la está esperando. Su padre recuerda entonces que la cita frente a la mezquita es a la una,  una vez finalizada la oración del viernes a la que ningún miembro de la familia de Adiv ha acudido.

Así que la una, hora palestina –casi las dos-, comienza la marcha. Bajo un sol de justicia, los habitantes de Bil'in van a representar, una semana más, su épica tragedia. Empiezan con gritos frente a la valla, a lo que los soldados, al principio perezosos, responden desde detrás de muros de hormigón con el lanzamiento de gases lacrimógenos. Entonces los palestinos intentan derribar la valla con una cuerda sujeta a un garfio. Más humo y balas de goma. Y los primeros heridos, sin tener que lamentar ninguno grave. El forcejeo continuará hasta que los soldados salen de sus puestos y se enfrentan a los manifestantes. Insultos, empujones, la batalla es cara a cara. Resuenan por entre las ondulaciones de los campos de olivos de Bil'in los ecos de la primera Intifada. Piedras contra balas. Mientras, en Jerusalén, los magistrados del Tribunal Supremo duermen tranquilos tras haber cumplido con su trabajo. -galería de fotos-

 

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