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Análisis: Conversaciones de paz entre Israel y Siria

Nuevas esperanzas, viejos recelos

Pere Maruny / 25-05-2008foto y periodismo .com.jerusalem

Si las casas de apuestas israelíes jugaran a apostar sobre el éxito de un posible acuerdo de paz entre Israel y Siria, el balance sería de 10 a 1 en su contra. O más. Y es que el anuncio simultáneo lanzado desde Damasco y Jerusalén sobre el inicio de conversaciones indirectas, con la mediación de Turquía, para alcanzar un acuerdo de paz entre los dos países, no ha despertado ningún tipo de entusiasmo.

Más aún, excepto en el entorno más cercano al primer ministro israelí, Ehud Olmert, todo el mundo cree que el anuncio no es sino una cortina de humo del líder hebreo para ocultar sus problemas con la justicia. Acusado de recibir sobornos en la quinta investigación criminal en su contra en dos años, el tiempo que Olmert lleva ocupando el cargo de primer ministro,  parece que sus días al frente del gobierno pudieran estar contados.

Sin embargo, Ehud Olmert tiene fama de superviviente. Es el tipo de político sin mucho carisma pero con grandes aptitudes para ir sorteando todos los obstáculos que se cruzan en su camino para seguir aferrándose a su cargo. De ahí las sospechas sobre el nuevo “montaje” que significaría el anuncio de las negociaciones de paz con Siria.

Pero, ¿pueden estas acusaciones ser reales? Es difícil de creer. Sin duda la coincidencia del anuncio con un nuevo interrogatorio de la policía israelí al primer ministro hacen levantar todas las sospechas, pero el inicio de unas conversaciones de paz entre dos países técnicamente en guerra desde hace más de cuarenta años no se improvisan de un día para otro ni responden a agendas personales.

Sea como fuere, no hay duda de que un acuerdo de paz definitivo entre Siria e Israel significaría un enorme cambio en la relación de fuerzas en la región. Siria es el eslabón necesario para engranar las relaciones entre Irán y Líbano, afectando de carambola a la situación de Hamás en la franja de Gaza.

Por supuesto, el régimen iraní es el primero en preocuparse por este cambio de fuerzas. Lejos de las grandes peroratas a las que tiene acostumbrado el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, el silencio ha sido esta vez la respuesta oficial desde Teherán. Como si estuvieran conteniendo la respiración. Como si aún no se hubieran recuperado del susto.

En cuanto a Siria, no hay duda de que el presidente Assad busca en el acuerdo de paz con Israel la legitimación internacional –léase la de los Estados Unidos-, para asegurarse,  a sus 42 años, una jubilación sin sobresaltos en el cargo. Poco importa que ahora Siria sea uno de los integrantes del denominado “Eje del Mal”; hoy el mundo recibe a Gadafi con alfombras rojas y halagos.

Assad sabe cuales son sus bazas. Reconocimiento pleno de Israel a cambio del regreso a las fronteras previas a la Guerra de los 6 días, en la que Israel conquistó, en 1967, los Altos del Golán. Sin embargo, unos cuantos cientos de metros separan a ambos contendientes. Los que van de la frontera del 4 de junio del 67, que reclama Siria, a las de la frontera internacional, que reclama Israel. No es una discusión banal. La diferencia es que la primera de ellas alcanza la orilla del Mar de Galilea, principal fuente de agua potable de Israel, a la que Siria, con grandes carestías, también quiere acceder. Israel se niega a compartir el agua.

Por último, cabe preguntarse si Israel está interesado en alcanzar la paz. Pese a que lo que se juega es, básicamente, conseguir la tan (aparentemente) anhelada tranquilidad, que en el caso del estado hebreo significa nada menos que no temer por su supervivencia como país rodeado de estados hostiles, la respuesta no está tan clara como podría imaginarse. Israel se ha acomodado al discurso del victimismo, a pesar de ser la gran potencia económica y militar de la región. O quizás por ello. Los israelíes, en general, no quieren oír hablar de retiradas ni desean hacer concesión alguna. Por ahora, la balanza les resulta claramente favorable. Con cada día que pasa en conflicto con sus vecinos, Israel gana un trozo de tierra, un pozo de agua. ¿Para qué, entonces, tiene el fuerte que aceptar un cosa llamada paz, que lo único que conlleva es restar en vez de seguir sumando? Por supuesto, no todos los israelíes piensan del mismo modo. Muchos son conscientes del grave peligro que,  a la larga, supone basar todo el poder en la superioridad militar. La última guerra en Líbano, en la que Israel no consiguió ninguno de sus objetivos pese a su clara superioridad en medios de combate, ha hecho que mucha gente empiece a cuestionar la viabilidad de la opción militar como única vía para garantizar la existencia. Y entre ellos puede que se encuentre el primer ministro israelí, Ehud Olmert, sobre quien recayó el mayor peso de la no victoria en Líbano. Otra cosa es saber si, esta vez, Olmert el Superviviente tendrá la suficiente fuerza y apoyos para lograr consensuar a su propia sociedad.

Recuerden, las apuestas están 10 a 1.

  

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